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Periodística
Cobra Kai. Un villano del que enamorarte en otra vida

Cobra Kai. Un villano del que enamorarte en otra vida

Tras dejarnos con un final amargo en la segunda temporada, muchos ansiábamos la llegada de la tercera temporada de Cobra Kai, la secuela de las películas del universo de Karate Kid (1984), tanto que incluso Netflix anunció hace unas semanas que adelantaría su estreno al día 1 de enero, en vez del 6 como estaba anunciado.

En esta tercera temporada encontramos unos personajes mucho más profundos, ahondando en sus sentimientos, que quedaron a flor de piel en la segunda temporada y ahora es el momento de ver las consecuencias de sus actos; pellizcando un poco más el corazoncito de los nostálgicos (perpetuando el amor de sus creadores por el mundo sobre el que trabajan), que encuentran referencias enternecedoras, añadiendo detalles y metraje de las películas; dejando clara la gama de grises que compone la historia, muy alejada del blanco o negro de las películas; conociendo en profundidad a Kreese, quien ya quedó etiquetado como el nuevo villano en la temporada anterior, adentrándonos en sus recuerdos para explicar los valores que enseña a sus alumnos.

Un villano entrañable

Esta temporada deja momentos muy cómicos, como los protagonizados por Kabka, que continúa haciendo una interpretación espectacular de perdedor e inadaptado a la actualidad; y momentos agrios, con alguna sorpresa previsible, y otras menos esperadas, pero que desde luego hacen disfrutar de esta nueva entrega. En cuanto a las peleas, mantienen los extensos planos continuos, como en la batalla final del instituto, que nos puede recordar a escenas como la de Dark Devil saliendo de la cárcel, aunque personalmente, las peleas me siguen resultando en su mayoría sobreactuadas, manteniendo la dinámica de las películas originales.

Seguimos encontrando la dualidad entre el bien y el mal, y esa ausencia de comunicación que facilitaría tanto las cosas pero que le quitaría emoción a los conflictos de la trama, y que en algún momento nos hará soltar un “¡por fin!”.

Los papeles femeninos toman más importancia en estos nuevos capítulos, con diálogos coherentes a los personajes, y actitudes un poco estereotipadas, como los ataques de ansiedad por sentirse indefensa, y a los que no se les da tanto dramatismo cuando los sufren los chicos. Aunque sin duda me quedo con la frase “con las chicas es diferente, tras una pelea no se valora si somos fuertes o débiles, sólo se nos acusa de estar locas”.

En definitiva, es una temporada ligera que, como las anteriores, se puede ver en una tarde; con momentos nostálgicos, y un desarrollo mayor de personajes que aún no habíamos tenido tiempo de conocer en profundidad. Ahora nos tocará esperar a la cuarta temporada para poder ver cómo acaba este nuevo arco argumental.

Podéis encontrar otras reseñas mías en la sección Periodística de mi blog.

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