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	<title>Siluetas en mi pared &#8211; Martha R. Belmont</title>
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	<title>Siluetas en mi pared &#8211; Martha R. Belmont</title>
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		<title>Lo mejor de la encimera de Inés</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Nov 2022 12:28:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
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<p>Mientras enjuagaba los vasos en la cocina de Inés, Diego se acercó por mi espalda, rodeándome con sus suaves manos, acariciando mi cintura. Me giró, poniéndome frente a él y besó mis labios. Continuó bajando por mi cuello hasta mi pecho mientras me desabrochaba el pantalón. Metió su mano por dentro de mis bragas y comenzó a acariciarme con suavidad, bajando lentamente hacia el interior de mis muslos.</p>



<p>Cada segundo me notaba más húmeda. Me hacía estremecerme. Sentí la suavidad de la yema de sus dedos abrirse paso entre mis labios, hasta alcanzar mi clítoris. Lo presionó con suavidad a un ritmo suave, incrementándolo conforme mi cuerpo reaccionaba. Cada vez me sentida más mojada, y mis manos recorrieron su cuerpo en busca del interior de su pantalón, pero no me permitió alcanzarlo, me cogió por la cadera, y aupándome, me sentó sobre la encimera.</p>



<p>Besó mi vientre mientras me desabrochaba los botones de los vaqueros. Mordisqueó mis muslos y sentí la necesidad de sujetarme a algo, buscando torpemente el final de la encimera. Mordió mis bragas y tiró suavemente, desplazándolas hacia un lado, permitiendo el paso de sus labios hasta los míos, rozándome con su lengua, haciendo que mi cuerpo se sobresaltara. Conocía la presión y el movimiento exactos que necesitaba para excitarme, y con cada oscilación de mi cadera, fue aumentando el ritmo.</p>



<p>Clavó sus pulgares entre mi ingle y mi monte de Venus, y no paró hasta que mis gemidos le indicaron el final de mi orgasmo. Necesitaba sentirle dentro, pero cuando traté de hacerle subir, presionó con sus yemas mi clítoris sin dejar de besarme, mirándome a los ojos unos segundos antes de volver a lamerme. Poco a poco sentí como subía de nuevo por mi vientre el calor que anunciaba al siguiente orgasmo. Tras el cuarto, perdí la cuenta de cuántos iban, me dejé llevar por sus manos y sus labios, hasta que quedé exhausta, apoyada en la pared.</p>



<p>Me temblaba todo el cuerpo, y él me miraba lascivo besando mis muslos, mi vientre, y mi pecho, subiendo hasta mi hombro. Le vi alejarse, abrir el frigorífico, coger una botella de agua, ofrecerme, y tras beber ambos volverla a guardar. Me rodeó con los brazos vistiéndome de nuevo. Me levanto de la encimera y me llevó al sofá, decía que allí estaría más cómoda. Cerré los ojos un segundo. Estaba tan exhausta que me quedé dormida. Al despertar, me encontraba sola en casa de Inés, se había marchado. Me vestí y me marché antes de que Inés se despertase.</p>



<p>Fragmento basado en <a href="https://rosanera.es/producto/siluetas-en-mi-pared" data-type="product" data-id="2820">Siluetas en mi pared</a>.</p>



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		<title>La mayor calidez de sus labios</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rosanera]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Oct 2022 12:23:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
		<category><![CDATA[fragmento]]></category>
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<p>Al terminar, hacía bastante frío para seguir haciendo botellona en la calle, por lo que Luka nos llevó a una fiesta en un edificio de pisos de estudiantes, y nos dio una bolsita con eme para las cuatro. Diego lo vio y poniéndome mala cara se acercó a mí, me la quitó de las manos, me dijo que si lo quería lo cogiese, y se puso un par de piedras en los labios. Supongo que me notó en la cara que no entendía muy bien a qué estaba jugando, así que se acercó más y puso sus labios junto a los míos unos segundos antes de besarme, pasándome una de las piedras al hacerlo.</p>



<p>Fue un beso tan amargo por el éxtasis en cristal, que al colapsarme las papilas gustativas, me resultó extremadamente dulce. Tenía los labios carnosos y suaves, y tras el primero, le siguieron muchos besos más. No sé si sería por la situación, por el vago recuerdo del polvo que echamos en fin de año, o por la droga, pero me notaba cada minuto que pasaba a su lado más excitada.</p>



<p>Seguimos besándonos y recorriendo nuestros cuerpos hasta encontrar una habitación. Nos encerramos dentro, y comenzamos a quitarnos la ropa sin mirar a dónde la arrojábamos. Apretaba mis muslos con fuerza mientras me cogía en peso, apoyando mi espalda en la puerta por la que habíamos entrado. En sus brazos me sentía ligera. Besaba mi cuello haciéndome gemir mientras un escalofrío surcaba mi cuerpo. Mordía su cuello y arañaba sus hombros, apretando su cadera entre mis muslos, rozando mi pelvis contra él hasta conseguir bajarle el pantalón. Noté cómo me penetraba con suavidad, pero con fuerza, acompasando el ritmo de sus caderas al mío.</p>



<h2 class="wp-block-heading">«Recorriendo nuestros cuerpos con los labios» </h2>



<p>Por cómo me mecía, parecía que mi cuerpo no le pesaba. Me cargó hasta lo que parecía una mesa de escritorio, y tras apartar lo que había encima, me sentó, empujándome hacia atrás con cada beso que me daba en el pecho mientras introducía su mano entre mis muslos. No sólo le notaba dentro, sino también masajeando mi clítoris. El calor del éxtasis y el de mi orgasmo se fundieron en uno, haciéndome sentir una experiencia inexplicable. Le supliqué que se corriese conmigo, y así lo hizo, aunando sus gemidos a los míos, mientras nuestros cuerpos se retorcían de placer sobre la mesa en la que probablemente estudiaría algún desconocido al día siguiente. Le abracé con fuerza tratando de memorizar aquel instante.</p>



<p>Una tos nos hizo percatarnos de que con el arrebato, ni siquiera nos habíamos molestado en comprobar si la habitación estaba vacía, y una silueta moviéndose sobre la cama nos hizo reírnos, recogimos la ropa con prisa y salimos de la habitación. Él había cogido una camiseta que no era suya, pero consideramos que sería mejor no volver, no queríamos comprobar si nuestro polvo le habría dado material para alguna paja a alguien, y salimos a la calle. Me encendí un cigarrillo, y tras la primera calada, me lo quitó para fumárselo él, así que saqué otro. Fuimos a dar una vuelta, y nos sentamos en un puente con las piernas colgando por fuera de la barandilla. Se oía el chapoteo de los peces, y entre bromas, se puso a hablarme en italiano. Me pareció divertido, aunque dudé sobre si se estaría inventado las palabras para hacerse el interesante. No paramos de reír en toda la noche.</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://www.mrbelmont.es/wp-content/uploads/2022/11/venecia-beso-pareja-1024x612.jpg" alt="pareja besandose en venecia
labios" class="wp-image-128" style="width:768px;height:459px"/></figure>
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<p>Fragmento basado en <a href="https://rosanera.es/producto/siluetas-en-mi-pared" data-type="product" data-id="2820" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Siluetas en mi pared</a>.</p>
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